16 de junio de 2008
ESTAS SON LAS COSAS QUE ME EMOCIONAN - Yo soy un tipo duro, tengo que advertir. El otro día me lo dijo un albano-kosovar al que acababa de conocer: “Joder, macho, qué duro eres”; y yo, como no me gustan mucho los halagos, hice asín como para darle un cabezazo: “Que te meto un meco”, y el albano-kosovar se fue acojonado. Estas situaciones se repiten con frecuencia.
Una vez dicho lo cual, voy a contar cómo esta mañana estaba leyendo el diario gratuito, en busca de algo que llevarme al blog (al menor coste posible, tengo que admitir), cuando me he topado con la siguiente noticia: “Un perro vuelve solo a su casa 90 días después”, era el titular. El texto hablaba de un pequeño perro, de nombre Yanu y de raza chucho, por lo que podía apreciarse en las fotos. Es de pelaje negro, tiene nueve años y vive con una pareja de humanos, otro perro, Jabato, y un gato, Otto, en una casa de la Puerta de Toledo. Una mañana, de pronto, Yanu se pierde en la calle. Alguien lo encuentra y lo lleva a la perrera de Leganés, a 15 kilómetros de Madrid. De allí consigue escaparse unos diez días después y emprende entonces el camino a casa, adonde llega casi tres meses más tarde. Por el camino, Yanu ha tenido que cruzar diversas autovías, varias líneas ferroviarias, innumerables calles y carreteras…
Una ola de conmiseración por el pobre perro me ha subido a la garganta y, lo confieso, a punto ha estado de hacerme llorar, allí en medio de la oficina. Como un tonto, efectivamente. Se me ha dibujado, de pronto, con total viveza, el terror del pobre animal al sentirse solo, y cómo, una vez libre del presidio, andaría el camino adelante con la sola idea de volver a casa, con Jabato y Otto, con los humanos a los que conoce, le acarician el lomo y le dan de comer. La suya no es una hazaña de fidelidad y constancia, es una proeza de angustia e indefensión. Comer cuando encuentras algo, dormir sólo cuando estás agotado y en cuanto abres un ojo, seguir, seguir adelante, hasta recuperar el pequeño mundo que conoces y donde se está cómodo y caliente. Todo lo demás es hostil.
Me he podido incluso imaginar la alegría del animal y el trote rápido al divisar, allí al fondo, la silueta de la Puerta de Toledo, que le resulta familiar.
Dice el dueño que se encontró a Yanu esperando en la puerta de la casa, al pie de las escaleras, moviendo el rabo casi con violencia, lleno de espigas y con pequeñas heridas. No es difícil imaginar las vueltas que daría el animal sobre sí mismo, los lametones en las manos del dueño, los ladridos cortos y agudos…
No he querido pensar en los pobres Yanu que se pierden y no logar escapar de la perrera o, si lo logran, no consiguen encontrar un rastro y volver a casa, o si lo encuentran son arrollados al cruzar una autovía. Deben de ser innumerables y no era cuestión de ponerse a llorar a lágrima viva en medio de la oficina. Sin embargo, después de contenerme a duras penas, se me ha venido a la cabeza cómo nosotros (los humanos, quiero decir), bien mirado, no somos más que unos pobres Yanu; Ulises que, en un determinado momento, nos encontramos perdidos; animales que, en el fondo, muertos de miedo, no queremos sino volver a ese lugar donde nos tomaban en brazos y nos acariciaban el hocico. The long and winding road that least to your door, cantaban los Beatles, y se me ha venido, en un acto reflejo, la canción a la garganta y no he tenido más remedio que pretextar una indisposición y encerrarme en el cuarto de baño a llorar, ahora sí, como un tontaina.
Bueno, ya se me ha pasado. No ha durado mucho y para reponerme me ha bastado con imaginar la calma y la satisfacción con la que habrá dormido Yanu esta noche, acurrucado en su rincón favorito de la casa. Dichoso él y cuántos perros consiguen, después de larga travesía, volver a casa.
ESTAS SON LAS COSAS QUE ME EMOCIONAN
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materia cotidiana
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4 comentarios:
¿Fue Baudelaire el que dijo aquello de "la patria de uno es la infancia"? Pues algo así, nuestra Ítaca y el resto del mundo la Odisea, da igual el motivo, siempre se trata de un regreso...
Y tranquilo, yo una vez lloré -cierto es que estaba de resaca-, con una película en la que un caballo que había sido un campeón aparecía muy deteriorado tras diversas peripecias. Qué cosas.
Un saludo
Yo que tú, la próxima vez que no tengas a nadie contra quien dar un cabezazo, practica con la pared del váter. Así tendrás una buena razón para sonreír.
Ángel, pedro ha acertado la respuesta. Me encanta cuando los de los parquímetros hacen huelga.
Ya está, sí que la he encontrado , y claro que me gusta...
hay algo extraordinario en los perros, y tú ya sabes que este tema me pone muy sensible.
Creo que no volveré a tener ninguno.
Me empequeñeceré cada día más hasta ser una de esas viejas hijas de puta sin sentimientos que sólo se preocupan de que la gente joven frene en los pasos de cebra para que ellas pasen, y cosas así.
Que los perros no se caguen en su puerta, etc.
A mí me cuesta llorar , fíjate, aunque por la forma en que escribo parezca una madalenita sensible o el osito mimosín en persona.
Quizá yo también sea dura.
Pero lo de los cabezazos sólo me entran ganas cuando veo le tele.
Menos mal.
Es un texto precioso.
Un abrazo.
me has hecho llorar pero con sonrisa :) sí que emociona :)
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